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Democratización de la web

He leído hace apenas unos minutos en Mastodon como alguien decía que el "own your own website" era impracticable para el 99% de los usuarios y que no se puede volver a la "aristocracia digital". La verdad es que mi primera web la hice con 11 años o así, hecha en Microsoft Word y la había dedicado al Golden Sun. Estamos hablando del año 2003. A esa edad probablemente no entendería la palabra "aristocracia", pero la persona que soy hoy, sí. Y no, a mis 11 años no era una aristócrata digital. Era curiosa, amaba descubrir cosas nuevas y lo hacía de forma autodidacta. Aprendí HTML editando themes gratuitas de internet, empleaba diferentes editores y programas que me permitían trasladar contenido a mi web (hosting en Miarroba, por cierto). Evidentemente lo hacía sin pensar en las leyes del copyright, así que llegué incluso a pasar a digital una guía del Golden Sun 2 que tenía en papel.

Lamentablemente esa "democratización" que supuestamente nos ha ofrecido las grandes compañías es una mentira: se están lucrando con nuestros datos premiando la ignorancia y encantadísimos de que pensemos que han democratizado algo. Que nos hacen un favor.

Doy clases en institutos y es lamentable ver cómo mis alumnos tienen incluso menos conocimientos informáticos de los que tenían mis compañeros de clase (aún cuando no tenían ordenador en sus casas) a esas edades. Recuerdo haber aprendido Excel, Word y hacer webs varias en Google Sites (un apaño curioso) en mis clases de informática, que ahora se han convertido en el aparcamiento de chavales que no quieren estudiar francés (por no llamarlo guardería). La triste realidad es que se ha asumido tanto la informática (ese famoso término de "nativos digitales"), que a los chavales les propones cualquier actividad en el ordenador y pasan, porque no saben ni quieren saber y porque saben que a final de curso no hay nadie que suspenda tecnología o informática, porque son optativas tomada a chiste.

Así que la triste realidad es que tenemos a nuestro alcance todos los medios y conocimientos posibles para gestionar nuestro contenido e información y decidimos rendirnos a regalársela y trabajar para Facebook o Twitter. La aristocracia digital son esos medios, que están controlando qué se divulga o comparte, porque tienen sus propios algoritmos y un día estás arriba y otro día, no te lee nadie o han borrado directamente lo que has escrito. Los usuarios, los campesinos, solo pueden aspirar a emplear esos medios. Pensando que quienes sabemos hacer webs somos alguna clase de privilegiados.

Hay quien opina que tengo conocimientos informáticos superiores a la media de población y que por eso tengo esta web, por ejemplo, la realidad es que apenas he necesitado más conocimientos de los que tenía hace 20 años cuando hacía webs dedicadas a mis videojuegos favoritos. HTML es la cosa más sencilla del mundo. Además, en HTML también se maqueta para formato .epub así que quien está interesado en la publicación editorial (una parte de quienes me siguen y con quien hablo en Mastodon) le va a tocar aprenderlo.

En realidad se trata de expectativas y esfuerzo. Esta web la hago de cero y gestiono cada página individualmente, con sus etiquetas h1, h2, p... y todas las semanas le dedico unas horas, pero la gente pretende sentarse una tarde y tenerlo todo hecho para después subir tres fotografías suyas de las cuales se va a olvidar dentro de 2 horas. No asumen aprender HTML, lo ven como algo ajeno, alienígena e imposible de realizar. Ven imposibles porque pretenden tener la página web que puede tener la NASA en vez de pensar que no lo necesita. De igual forma que lo que ves en esta web es lo que necesito para generar un archivo de todo lo que he escrito en internet desde que me vicié con los juegos de rol. Hay artículos míos de 2011. Publiqué en diversas webs y blogs, que afortunadamente todavía perduran y espero que perduren. A día de hoy cualquiera puede tener su blog, pero no lo tiene tampoco, ¿somos aristócratas los que sabemos crear un blog en el servicio gratuito de Wordpress?

Escribo esto desde la indignación. De ver cómo la ignorancia es una enfermedad de nuestros tiempos y de la que la gente no quiere encontrar cura, pensando además, que lo que haces y lo que te gustaría que hiciese el resto, es privilegio.